Y si nos morimos que. De que me sirve el respiro si no es contigo.
Desde el borde de la boca de la botella de vino del 89, hasta el olor del cigarrillo recién encendido, sabia que esa noche mi alma seria marcada por la sublime entrega de sus caderas
Abrí las puertas de par en par, la vi sentada sobre la cama con ese camisón de satin dorado, y la abertura de este hacia la mas sensual y regocijante aparición de sus piernas doradas, torneadas y de provocación infinita.
La vi semi sentada sobre el edredón dorado, sobre su cama ancha, bajo las luces tenues y amarillas, la ví llena de pasión de juventud, de ganas de entregarse, tendida sobre los cojines de pluma, con los brazos extendidos sobre ellos, con la copa de vino en su mano izquierda, el cuello ladeado a la derecha y dando la tercera fumada a su Sobranie dorado.
me hinque frente a sus pies, suaves, lisos y firmes. Le bese cada dedo, el empeine y decidí subir invitado por su sutil movimiento rodillas, decidí entonces empezar a besarle los tobillos y subí hasta sus rodillas donde por un instante perdió el control, subí la mirada y la vi, su cuello tendido hacia atrás, sus venas resaltando por la tensión, sus pezones volviéndose duros.
Volví mis labios a sus rodillas y acaricie mi recorrido anterior con fuerza, seguí subiendo, esta vez invitado por su pequeño gemido que dejo escapar. Llegue hasta sus muslos, sus firmes y exquisitos muslos, con tanta delicadeza como un jardinero con sus peonias abrí sus piernas para esta vez besar sus ingle izquierda, y beso a beso seguir subiendo. Toque su zona pélvica, ardiente y perfecta, y entonces empecé a besar sus labios. y ella con tanta sensualidad como pudiese existir en el cielo tomo mis dedos indice y medio y los beso, y poco a poco los humedeció y como un gesto casi diabólico derramo sobre mis labios y los suyos el vino del 89.
Su exquisitez se volvió digno de Dioses del Olimpo. La tensión en mis músculos era irreal, mis sentidos eran mas agudos y mi corazón tenia latidos tan rápidos que nunca podrán ser comparados con nada, mi pene estaba lleno de deseo, y mis labios tenían la mas dulce fruta jamas creada en esta tierra.
Ella sabia que era momento de subir mas, y con sus manos jalo de mi, beso mi lóbulo derecho, bajo por mi cuello y mientras lo hacia me invito a que le quitara la ropa que nos sobraba, lo hice en un solo segundo. y eso basto para que el roce de su ropa, tocara sus cabello y desprendiera el aroma de vainilla y pasión.
Siguió besándome, bajo por los pectorales y de poco paso hacia mi espalda, posaba sus labios con fuerza, sin miedos, sin prejuicios, encendió mi piel y como si el mundo me gritara en suplicio. Me vire, le vi el rostro, la acaricie, y la monte sobre mis piernas, decidí besarle mientras la hacia mía, pero el beso no duro, su impulso natural fue tirar su cuerpo hacia atrás dejándome así solo con sus pechos mientras sus caderas se movían a un compás perfecto; podía sentir, sentirla toda, su piel, sus cavidades, su fuerza, mi piel y la suya, alimentándose por un deseo infinito. Bese sus pechos, sabore sus pezones, me rendí ante ella, me rendí a sus besos, a sus movimientos, a sus caderas, a su hombro derecho, a su cama, a sus gemidos, a su pasión, me rendí a su amor. me rendí a su forma de amarme. Me rendí a sus orgasmos y las contracciones que mi pene sentía al estar dentro de ella, a su ombligo y la dureza y dulzura de sus pezones, me rendí a ella en cuerpo, en alma, en corazón. Me rendí a su sensualidad. La hice mía y en ese momento quede en paz con el mundo y con Dios.

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