martes, 28 de enero de 2014

Aristeo


¿Cómo te amo?, déjame contar las formas,
Te amo hasta la profundidad y la extensión y altura
Que puede alcanzar mi alma, cuando busca a ciegas
Los límites del ser y de la gracia ideal.

...- ¡Te amo con el aliento,
Sonrisas, lágrimas, de mi vida entera! – y, si Dios lo quisiera,
Te amaré aún mejor después de la muerte.

 Elizabeth Barrett Browning





Aristeo era un hombre viejo de 80 años, como todos a esa edad; tenía la piel arrugada, color arena y canela, una mezcla que hubiese deseado me hubiese heredara. No tenia mucho cabello, así que lo cubría con una gorra de beisbol o su sombrero de vaquero.  Fue un hombre alto, de casi 1.93 metros (6.33 ft). 
Lo recuerdo manejando una camioneta azul de carga, conmigo como su copiloto,  comiendo helado en un día caluroso de verano, lo recuerdo pelando una naranja después del desayuno, con su navaja Suiza que uno de sus hermanos le regalo, en algún cumpleaños; lo recuerdo enseñándome a lavarme bien las manos después de comer mariscos, y lo recuerdo sonriendo tan grande y sincero que iluminaba el alma mas oscura, y encendía el amanecer. 
Recuerdo a Aristeo demasiado activo para su edad, un hombre recto,  tanto física como moralmente. Siendo el mejor hombre de negocios de la región, lo recuerdo bailar tan bien que resultaba imposible no verlo y enamorarse de él. Lo recuerdo en el mar sumergiendo sus pies en la arena, (manía que me heredo). Lo recuerdo cantando alegremente mientras se bañaba, lo recuerdo besando a su mujer en la frente mientras ella lo seguía regañando. Lo recuerdo siendo sincero, amable y bondadoso. 

A Aristeo lo recuerdo corriendo todas las mañanas junto a su perro; un pastor alemán que  espero por el nueve años mas. Pero sobre todas las cosas de mi abuelo lo recuerdo abrazándome, recargada sobre su pecho, escuchando su corazón y grabándome su aroma, aroma a aceite para velas y naranja fresca. 


- ¿Quiero casarme de alguien como tú?
- Casarse no es lo importante. Amar. Eso sin duda hace la diferencia entre estar vivo y vivir
- ¿Como se ama?
- Jajaja. Soltó un carcajada y continuo. - No dejes de preguntarte eso hasta que estés conforme con la respuesta. Yo por mi parte se que se ama, con cada yema de las manos al tocar la piel de tu abuela,  que se ama sus cabellos negros, largos y rizados. Se ama a uno mismo, cuidadndose de uno mismo, siendo limpio, respetando lo que se quiere,  y lograr todo lo que puedas. Se ama a los amigos como a uno mismo. Ellos son al final los que te reflejan la mejor parte de ti. 
- ¿Por eso no tienes enemigos?
- Si. Pues quien tiene enemigos no se ama. Sabrás  que amas cuando te lo diga tu corazón. Pues ya no palpitara al mismo ritmo que el de tu madre. Se ama aunque uno este lejos. - Recuerdo que hizo una pausa y continuó. - Se ama aunque se mueran las personas, por que es posible amar mas halla de la muerte. 
- Yo te amo
- Yo te amo
Recuerdo también esto, aunque solo tenia seis años y el 77 años.  


Recuerdo que en Junio del 2003 conocí por primera vez lo que es la tristeza, y no me refiero a cosas banales, porque ese día sin duda murió una parte de mi, muy grande para lo pequeña que era. 

El 27 de Junio del 2003 reconocí el sentimiento de vacío, de desgarre, de dolor. Pero no pude interpretarlo sino hasta tres mesas después. Desperté de una especie de  sueño criogénico. Llore tanto que termine dormida de nuevo, pero esta vez estuve consiente. Ya no volvería a estar con él. Mi tiempo, su tiempo y el nuestro habían terminado. 

Cuando llegamos al hospital. Fue para despedirnos, me permitieron pasar a verlo, lo abracé mientras me decía al oído, lo que hasta ahora he dejado que me permita encontrar a gente maravillosa, y a liberarme de la gente que no necesito en mi vida. Aristeo dejo sobre mi mano el dije que le di al extraño, cuando partió a Alemania. 

Aristeo murió en esa recamara, y mi mirada sobre él. Su médico dijo que si el siguió vivo hasta esa mañana, fue por puro amor hacia su familia, porque tenia totalmente infartado el corazón. 

Yo sabia que eso era posible, porque las personas que aman, no se van sin despedirse, sin dejarte sin nada.  Él me enseño tantas cosas, me enseño, como crecer, como querer, como perder el miedo, me enseño a ser fuerte, me enseño a ser como se debe y quiere ser. 

Confieso que lo extraño mucho, desearía volver a verlo, pedirle ayuda, pero sabiendo que no responderá de una manera directa, les escribo de él, del primer hombre en mi vida que marco mi vida de una manera positiva, que me enseño, un poco de la vida, y me enseño a ver las cosas positivas de las cosas malas erróneas y de las personas de alma triste. 

Les comparto una de las mejores partes de mi vida. Y aunque ya lo he dicho, les comparto lo que Aristeo me dijo, al oído esa mañana de Junio  

                                    "De pronto llegaran personas a encender las luces que otros apagaron"