"Espero que el día que lleguemos a las estrellas, solo contemos nuestra historia."
-¿Y si decido amarte solo por los próximos dos segundos?
-Pues serán suficientes para vivir el resto de mis días feliz
Y ella pues se dispuso a amarlo por los próximos dos segundos
Dos segundos donde los girasoles florecieron briosos, radiantes y felices; donde las jacarandas tapizaban las calles que rodeaban aquella habitación escondida, y donde sobre su piel se encarnaban los sueños y las esperanzas.
Dos segundos eternos donde por primera vez los ángeles del Señor sintieron envidia de no poder ser amados como lo era él.
Ahí estaban, suspendidos en esos dos segundos , tomados de la mano, uniendo sus vidas, vagando sobre sus grietas de la piel, jugando con sus cabellos y orando; cada uno por su parte, pero al final orando para el bien del otro.
Suspendidos los dos segundos eternos donde vieron nacer las frutas, donde había lluvias durante el verano y se iban al iniciar el otoño. Ahí estaba el sutil aroma dulce de su piel, sus manos ásperas acariciando los rincones y las curvas de su cuerpo.
No había miedos, ni dudas, ni tragedias incluidas en esos dos segundos, ahí existía el amor, las risas inocentes, los abrazos que llenaban e iluminaban sus seres.
La amaba, lo sabia. Sabia que no había vida más bella sino era tomado de su mano, de su sabor, de sus silencios, de su dormitar y de sus llantos.
Se dispuso pues ha amarlo, porque sabia que el sol calentaba más fuerte cada vez que estaba cerca de su pecho, se dispuso ha amarlo con las peonías posando sobre los jarrones que habitaban esas cuatro paredes blancas.
Fue pues cuando él poso su rodilla izquierda haya, donde las aguas se fundían con la ciudad de los sueños, donde todo es posible y empezó a recitar.
"-Ven, enfunda tu espada y vamos juntos al lecho; sube a mi pecho y mezclemonos en el mágico arte del amor, crearemos una profunda confianza entre nosotros. No por el mundo, no hasta que aceptes un jurar Diosa un juramento deslumbrante con el que no puedas elaborar una nueva intriga que me haga daño.
De inmediato ella comenzó a hacer el juramento que él necesitaba oír.
-Nunca, nunca podrá ella hacerme daño.
Y cuando por fin termino, llegue al hermoso lecho de Circe, cuando el joven amanecer con sus rosados dedos mostró otra vez más el amanecer. Se hicieron juntos y salieron a través de las puertas y las columnas, alertaron a todos a salir de prisa y así salieron sin nada a cuestas y los príncipes llegaron a las tierras fecundas, pasaron junto a las aguas y entonces...
-Vi que en mi mano estaba mi comienzo
Y ella extendió su mano en señal de aprobación y finalizó aquel contrato diciendo.
-A ti podría decirte que cualquier sitio es mi hogar, si eres tú quien abre la puerta."
Así pues se dispuso ha amarlo por los próximos dos segundos
