martes, 27 de octubre de 2015

Cuando me tiré al vació (Para mi Argentina)

Nada cambiara, todo se enriquecerá 


Decidí tirarme al vació, sin saber volar me tire en un paso de fe, a ciegas, a tientas, con llantos y sonrisas, con caricias, con cariño y con un tremendo miedo, me tire sin saber volar. Me atreví a tirarme al vació con la esperanza de que vinieras conmigo, con la esperanza de que aprendiéramos a volar juntos. Pero no hubo salto al vació tomada de tu mano. Esto era un hola o un adiós. Esto se decidió con un 
-Gracias
-Si
-Cuídate
-....bye
Hubo un momento de pausa, de ruido, de ganas de volver, de besarte, de seguir. Pero seguí caminando, seguiste sentado, seguimos adelante, seguimos.

Tal vez esto no estaba en nuestros planes, porque incluso no estábamos planeando nada, porque estuve dispuesta a cuidarlo todo, a esperarte como espero las peonias en Abril, ¿suena ridículo no?. Esperar por tanto tiempo por peonias que morirán en una semana, no valen lo que cuestan, pero son las mas lindas. 

Te quiero y no te cambiaría nada, ni la curvatura de tu nariz, ni lo orgulloso que eres. Pero yo  decido, cambiarme todo, decidí tirarme al vació, y ahora decido que aprenderé a volar, seguro encontrare a muchos como yo, seguro pasare largos inviernos y hermosas primaveras, seguro romperé barreras, y en Abril me acerque al mercado Jamaica a por mis flores favoritas, tomare jugo de naranja y me sentare a leer en alguna terraza de coyoacan, o de la condesa. 

Decidí quererte, pero no obligarme a quedarme a que vinieras, ni pretendo obtener nada a cambio, me has dado lo que necesitabas darme, y te lo agradezco. Me toca darme y seguir dando. 
Seguiré aun después de la tormenta, la a travesare sin correr, porque si ahora llueve, es porque esa agua tiene que limpiar y llevarse todo de mi. He decidió vaciarme, quedarme sin nada tuyo, si nada nuestro, sin absolutamente nada. Porque en cuanto salga el sol tocara llenarme de nuevo de luz y de nuevas esperanzas, de retos y metas, de sueños y de risas. Y no quiero rastro alguno de lo que sucedió, y aunque ahora duela, aunque ahora te piense, y te extrañe de cierta forma y en cierta medida. Esto también pasara, de pronto ya sera indiferente tu recuerdo, dejaras de aparecer entre mis pensamientos y ya no te extrañare mas. 

Decidí quererte, decidí guardar tus secretos y eso sera lo único que me quede de ti. Con un gracias y un adiós te dejo. 

Besos, Carol

martes, 13 de octubre de 2015

Como jardinero con sus peonias

Y si nos morimos que. De que me sirve el respiro si no es contigo.


Desde el borde de la boca de la botella de vino del 89, hasta el olor del cigarrillo recién encendido, sabia que esa noche mi alma seria marcada por la sublime entrega de sus caderas 

Abrí las puertas de par en par, la vi sentada sobre la cama con ese camisón de satin dorado, y la abertura de este hacia la mas sensual y regocijante aparición de sus piernas doradas, torneadas y de provocación infinita. 

La vi semi sentada sobre el edredón dorado, sobre su cama ancha, bajo las luces tenues y amarillas, la ví llena de pasión de juventud, de ganas de entregarse, tendida sobre los cojines de pluma, con los brazos extendidos sobre ellos, con la copa de vino en su mano izquierda, el cuello ladeado a la derecha y dando la tercera fumada a su Sobranie dorado. 

me hinque frente a sus pies, suaves, lisos y firmes. Le bese cada dedo, el empeine y decidí subir invitado por su sutil movimiento rodillas, decidí entonces empezar a besarle los tobillos y subí hasta sus rodillas donde por un instante perdió el control, subí la mirada y la vi, su cuello tendido hacia atrás, sus venas resaltando por la tensión, sus pezones volviéndose duros. 
Volví mis labios a sus rodillas y acaricie mi recorrido anterior con fuerza, seguí subiendo, esta vez invitado por su pequeño gemido que dejo escapar. Llegue hasta sus muslos, sus firmes y exquisitos muslos, con tanta delicadeza como un jardinero con sus peonias abrí sus piernas para esta vez besar sus ingle izquierda, y beso a beso seguir subiendo. Toque su zona pélvica, ardiente y perfecta, y entonces empecé a besar sus labios. y ella con tanta sensualidad como pudiese existir en el cielo tomo mis dedos indice y medio y los beso, y poco a poco los humedeció y como un gesto casi diabólico derramo sobre mis labios y los suyos el vino del 89. 
Su exquisitez se volvió digno de Dioses del Olimpo. La tensión en mis músculos era irreal, mis sentidos eran mas agudos y mi corazón tenia latidos tan rápidos que nunca podrán ser comparados con nada, mi pene estaba lleno de deseo, y mis labios tenían la mas dulce fruta jamas creada en esta tierra. 
Ella sabia que era momento de subir mas, y con sus manos jalo de mi, beso mi lóbulo derecho, bajo por mi cuello y mientras lo hacia me invito a que le quitara la ropa que nos sobraba, lo hice en un solo segundo. y eso basto para que el roce de su ropa, tocara sus cabello y desprendiera el aroma de vainilla y pasión. 

Siguió besándome, bajo por los pectorales y de poco paso hacia mi espalda, posaba sus labios con fuerza, sin miedos, sin prejuicios, encendió mi piel y como si el mundo me gritara en suplicio. Me vire, le vi el rostro, la acaricie, y la monte sobre mis piernas, decidí besarle mientras la hacia mía, pero el beso no duro, su impulso natural fue tirar su cuerpo hacia atrás dejándome así solo con sus pechos mientras sus caderas se movían a un compás perfecto; podía sentir, sentirla toda, su piel, sus cavidades, su fuerza, mi piel y la suya, alimentándose por un deseo infinito. Bese sus pechos, sabore sus pezones, me rendí ante ella, me rendí a sus besos, a sus movimientos, a sus caderas, a su hombro derecho, a su cama, a sus gemidos, a su pasión, me rendí a su amor. me rendí a su forma de amarme. Me rendí a sus orgasmos y las contracciones que mi pene sentía al estar dentro de ella, a su ombligo y la dureza y dulzura de sus pezones, me rendí a ella en cuerpo, en alma, en corazón. Me rendí a su sensualidad. La hice mía y en ese momento quede en paz con el mundo y con Dios.