"El pájaro que vuela es el que vuelve a casa" Sastre Sanz
Estoy ahí sentado perdido entre tus brazos, perdido entre tus pechos, estoy soñando, soñándote; y aún así sé que el momento es el más lúcido entre tu cuerpo y el mio; sin duda alguna sé que abrazarte siempre será una gran elección, tus caricias, tus besos, mi sonrisa comenzando a aparecer, después de cualquier gesto tuyo, de tu voz, tu rostro, tu cuerpo. Tu cuerpo que es tan tuyo como mío.
Desaparecer en un segundo solo es posible si estoy sujeto a tus brazos, tengo ya desesperada la paciencia de tanto aguardar por tus labios llenos de deseo; un deseo que no es por mí, sino por ti, por tus ganas de vivir y los sueños construyéndose. Te tengo abrazada a mi cuerpo a mi ser, a mí corazón latiendo al ritmo del tuyo, tengo a tus caderas atadas a mi piel, a tus dedos acariciando mis secretos. Te tengo atada a cada pensamiento que lleve la connotación de pasión, te tengo llena de amor.
Te tengo sentada sobre la firmeza de tus glúteos, las piernas ligeramente separadas, el aroma dulce de tu piel, y esos ojos que me marcan la tentación.
Si debo tocarte lo haré con tintes de tristeza por el miedo constante de sentir que será la última vez que te sienta. Por tu parte o por la mía; por tus miedos o los míos, por tus secretos, por los míos o los nuestros.
Temo perderte en un silencio infernal e infinito, temo perder ese espíritu libre, ese deseo y esos suspiros convertidos en vientos de primavera, cálidos, agradables y felices.
Debo estar soñándote, debo estar tocándote, debo estar creándote, deberías dolerme, deberías curarme cada grieta, cada poro abierto por el calor y por el frío que provoca tu distancia hacia mi ser. Debo estar soñándote lejos, pero siempre mía, siempre nuestra.
Te tengo para mí, pero ¿para cuánto tiempo más?, te tengo en mis secretos, en mis cambios, en mis fugas de pensamiento, en mis noches solitarias, te tengo presente sin querer, y te tengo presente queriendo.
Te tengo besándome las cicatrices, te tengo besándome poco a poco, lentamente, te tengo, pero ¿por cuánto tiempo más? ¿Cuánto tiempo estaré privilegiado de tus encantos, de tus manías, de tus esfuerzos?, ¿cuánto tiempo me llevará olvidarte?, ¿cuánto tiempo estaré atado a tu fuerza, a tus gustos, y a las fresas de media noche? Te tengo ¿para cuánto más?
Y si me fugo de tu lado, y si me sueltas la mano y nunca más vuelves. Debo aprender a caminar sin ti, sin mi sin tu presencia, debo estar estar tocándote más fuerte, mas sustancioso, más enérgico. Con más pasión hacerte mía, hacerte nuestra, hacerte del mundo.
¡Dios! Solo él podría atarte, solo con él podría entregarte, entregarme.
Quédate donde pueda verte, porque si te vas me perderé y no sabré volver. Estoy ahí sentado, perdido entre tus brazos, perdido entre tus pechos, estoy soñando, soñándote; y aún así sé que el momento es el más lúcido entre tu cuerpo y el mío, sin duda alguna sé que abrazarte siempre será una gran elección y así te quiero tener.
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