Hacía frío, y en definitiva jamás había estado en algún lugar siquiera parecido, estábamos descalzos, sentía la humedad entrar entre mis dedos, el ambiente era parecido al otoño, aunque estaba consiente que era Mayo; no podía percibir ni un solo sonido de mi alrededor, ni el volar de las aves, ni el viento, o mis pies chocando con las pequeñas ramas del suelo, solo se podía oír ese zumbido desesperante y ahogador. Aunque me sentía temerosa, y avergonzada, lo seguí por el camino, hasta llegar a ese punto, donde abrió una pequeña caja de madera; liberando pequeñas mariposas azules que volaron a nuestro alrededor, y el recargando su mano sobre mi hombro derecho me dijo “Te Perdono”, liberando con este simple par de palabras el sonido, y mi libertad.
Sebastián y yo llevamos 5
años de habernos conocido, lo conocí gracias a un ex novio, y por cuestiones de
la vida se volvió mi mejor amigo. En el primer año aprendimos a hacerlo todo
juntos; ir al cine, ver cine en casa, y ver cine en la calle, a ir a desayunar
sin haber planeado algo antes, aprendimos a salir de fiesta juntos, a ir a las
comidas de mi abuela, aprendimos que mi abuela ama mucho a Sebastián que lo
trata como un nieto más. Para el segundo y tercer año aprendimos a estar lejos,
a él le encantaba el cine, así que decidió irse a estudiar a Nueva York la
carrera de cinematografía, fue difícil convivir
a distancia pero una amistad como la nuestra puede lograr cosas increíbles. En
fin para el cuarto año la cosa fue mucho más fácil y divertida, pues se me
presento la oportunidad de ir a vivir con él durante poco tiempo, pero en
definitiva fuero meses asombrosos. Pero ese año para ser exacta en el 2012 su
madre se enfermó de cáncer y siendo una mujer tan religiosa y familiar, pidió a
su hijo fuera a estar con ella, esto paso en Enero de ese año. Sebastián volvía
a México y por tanto a las tardes eternas en casa muriendo de risa, a los
Domingos de misa junto a sus padres, y a los Lunes de ir al campo militar a
dejar a su padre. Pero como en toda rutina, algo se rompió. El 12 de Marzo del
2012, Sebastián llego a mi casa, pude escuchar sus nudillos contra la puerta de
madera. Me dirigí hacia ella, la abrí y mi mejor amigo estaba ahí de pie frente
a ella, con un semblante de desesperación
-
Hola Regio. – Le sonreí.- Pasa.
-
Tengo algo que contarte, al principio pensaba
que era una tontería, que estaba loco,
pero ahora estoy seguro.- Me miro como con ganas de querer gritar su secreto.
-
Dilo
-
Soy gay
-
Sonreí de forma que no le molestara y le
conteste.- Ya lo sabía.
-
¿Me ayudaras a decirle a mis padres?
-
¡¿Tus padres?!.- Le pregunte con cara de
asombro
-
¿Lo harás?
-
Es lo que. Lo haré.- Le conteste mirándole a
los ojos
¿Sus padres dije para mis adentros?,
mientras él seguía hablando. ¿Cómo le diremos a sus padres, que su hijo es gay,
como si son ellos la imagen viva de la rectitud?. Lo tomarían todo tan mal. Tal
vez no sea así, tal vez lo tomen bien, y entiendan, porque prefieran amar a su
hijo antes de defender su moral. Con eso en mente planeamos una comida para el día
siguiente, llamamos a sus padres, pero en mi casa jamás hay buena recepción,
así que no pusieron tantos pretextos y accedieron de inmediato.
Llego aquella tarde tan
esperada, pero hubiera deseado no hubiera sido así. El ambiente era tan seco, y
sin alegría. El comedor era de madera, las paredes blancas salvo la que estaba tras
de mí, esa era de un roja marfil. En la sala solo se escuchaban los cubiertos,
rosando contra los platos de cerámica, los vasos chocando contra el cristal, y el
constante repiqueteo de mis tacones contra el azulejo. Y ahí en medio del
silencioso ruido, se escuchó la voz de Sebastián explotando.
-
¡Soy Gay!
-
¡Tu eres mi hijo, tú no puedes ser gay!.- Grito
su padre
-
Se suponía que lo diríamos con calma
-
Tú aléjate de mi hijo, si estás de acuerdo
con la homosexualidad no puedes ser hija del Señor.
-
¡No!, ni soy un demonio, ni soy militar. Soy
su hijo y soy gay
-
Ya no eres mi hijo, vete de mi casa
-
No esperaba menos de ti
Esto es lo que recuerdo de
aquella comida tan tensa. Recuerdo a Sebastián tomando sus cosas y dejando su
motocicleta, lo recuerdo tomándome de la muñeca y azotando la puerta principal,
pero sobre todo recuerdo a su madre sentada con su rosario y a su padre de pie
con un rostro triste. Recuerdo a mi madre poniendo sabanas limpias y tratando
de animar a mi mejor amigo, a mis hermanos llamándole por teléfono y a mi
abuela llegando a casa con ganas de cocinarle algo, (disque para que se anime
el corazón). Recuerdo a Sebastián recibiendo todo el amor y el apoyo de mi
familia. Y recuerdo que pasada una semana su padre me llamo, queriendo ver a su
hijo, pero le pedí que mejor fuera el a buscarle a mi casa. Y así lo hizo,
Sebastián y yo esperamos por horas, pero el señor nunca llego. Pues minutos
antes de llegar murió en un choque entre la motocicleta y una madrina. Recuerdo
que nunca me he sentido más culpable que en esa noche, recuerdo los llantos de
mi amigo, y recuerdo que yo también llore. Solo pensaban en la llamada, y en
que podía sentir que le decía al señor. “No llevare a su hijo, lo que deseo es
que venga usted y se muera.” Viví con ese sentimiento durante dos meses hasta
que dentro de un sueño, aquel padre militar frio, me visito y entonces me di
cuenta que. Hacía frío, y en definitiva jamás había estado en algún lugar siquiera
parecido, estábamos descalzos, sentía la humedad entrar entre mis dedos, el
ambiente era parecido al otoño, aunque estaba consiente que era Mayo; no podía percibir
ni un solo sonido de mi alrededor, ni el volar de las aves, ni el viento, o mis
pies chocando con las pequeñas ramas del suelo, solo se podía oír ese zumbido desesperante
y ahogador. Aunque me sentía temerosa, y avergonzada, lo seguí por el camino,
hasta llegar a ese punto, donde abrió una pequeña caja de madera; liberando
pequeñas mariposas azules que volaron a nuestro alrededor, y el recargando su mano
sobre mi hombro derecho me dijo “Te Perdono”, liberando con este simple par de
palabras el sonido, y mi libertad.

No hay comentarios:
Publicar un comentario