Ese día era Martes, estaba despierta tratando de inspirarme, para escribir algo nuevo. Nada llego a mi, con excepción del sonido de su nudillos contra mi puerta. ¿Quien podría ser?, era demasiado tarde para visitas. Como sea me levante con la pluma entre los dedos. Era el, un viejo amigo que conocí hace tiempo. Cuando lo vi, me inspire, es de los hombres que logra hacer eso conmigo. Les escribo esto queridos lectores, con la intención de poder regalarles un poco de mi, un poco de lo que soy y de esperar que cuenten conmigo, o que sepan contar con su verdaderos amigos y que incluso sepan ser verdaderos amigos
-¿Qué sucede?
-Lo mismo de siempre
-¿Y ahora, porque discutieron?
-Para no perder la costumbre.-Me contesto con
la cara triste, y el cuerpo cansado
-Pasa, hare café
-Puedo…. ¿Hacerte una pregunta?.- Me dijo sentado desde la barra
-Dime
-¿Tú…. Disfrutas mi presencia?
—Suspire y le conteste.— Creo que mi
respuesta es diferente, creo que es extraña y tal vez confusa
-¿Diferente en que?
-En que mi respuesta no tiene nada que ver con
tu pregunta, más que disfrutar, detesto
-¡¿Detestas?!.- Me miro casi con decepción
Le conteste desde la cocina mientras preparaba el café, y el recargado sobre el marco de la puerta me veía
Le conteste desde la cocina mientras preparaba el café, y el recargado sobre el marco de la puerta me veía
-Si, detesto que vengas a las tres de la
mañana, toques a mi puerta y hables de amor, de tus peleas con ella, que hace
tiempo no te hace feliz; al menos no como antes. Detesto prepara café para dos,
y solo lo tomes tu, porque yo soy mas de tés. Detesto, que te he visto por los
pasillos de este departamento, hablando, creando proyectos, sentado en la mesa
del fondo diseñando y escribiendo tus trabajos, hasta las tantas de la
madrugada; detesto ir a correr contigo cuando desearía estar durmiendo, y detesto que contigo
pueda llorar de mis amores, de mi abuelo y de mi amiga, al menos una vez al
año. Ya sabes que ya no lloro mucho. Detesto que sepas eso de mi, detesto ver
mis fotografías que tengo contigo y poder ver lo feliz que me hace estar junto a ti,
detesto al perro que me regalaste en mi ultimo cumpleaños, detesto que no
cocines mas que en navidad, y vengas al siguiente día ha traer un pedazo del
pay de queso que tanto me gusta, detesto ver películas contigo los jueves por
la noche, detesto beber cerveza
contigo, y detesto poder hablar de tantos temas sentados en la mesa de la
cocina y quedarnos ahí hasta la madrugada, detesto que tengas un cepillo dental
en mi baño y detesto hacer las
compras contigo, y nos llevemos mas de una hora haciéndolo, porque no paramos
de reír, y de burlarnos de lo que pasa alrededor, detesto que estés aquí preguntando si disfruto de tu
presencia, detesto que no sepas, o no entiendas que tu presencia me hace tanto
bien, que me gusta cuando estamos juntos, que me regañes y que te ofendas cuando
te digo tu verdad, cuando me ves escribir y me llevas una taza de té, que me
enseñes nueva música y sobre todo detesto que seas mi amigo, mi apoyo y mis
buenas intenciones, que seas con el que mejor me veo si me visto de gala y
detesto pensar en ti en mis mejores fotografías, detesto que seas tu una de las
personas que me inspira, y me da fuerza, detesto que vengas a preguntar, a
pedir consejos, y a llorar, detesto que sepas que siempre estaré para ti,
detesto cuando veo a tu hermana con tanta alegría cuando duerme en casa, porque
a “ella” no le gustan tus visitas, detesto caminar contigo por las calles de la
ciudad, y detesto pensar en la idea de “¿Qué hubiera sido de mi vida, si no te
hubiera conocido?”. No lo se, detesto tantas cosas que hago y soy contigo.
—Se levanto con una sonrisa, me abrazó
fuerte, y dijo. —Yo también detesto amarte tanto.

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